jueves, 29 de agosto de 2013

Europa es más que crisis. Italia: Pezones de Venus


Sea lo que sea que hablemos de Italia, no podemos dejar de hacerlo enmarcándolo en su belleza artística e histórica. Porque Italia es en esto, como si dijéramos la campeona, un Leonardo Da Vinci hecho país.
 
Y por ahí van los tiros, que de tal palo, tal astilla o viceversa. Si Leonardo Da Vinci fue un genio expresándose en pintura, poesía, música, anatomía, botánica, arquitectura, filosofía y hasta en cocina, por citar sólo algunas de sus peculiares aristas, Italia como su buena madre, nos deleita con todo de eso y algo más.
 
Es el país con más bienes declarados “Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO: Venecia, Florencia, Roma, Nápoles… Hacia donde se mire, de Norte a Sur y de Este a Oeste, Italia es cuna de arte y monumento, historia en cada piedra y pasión en cada tradición.
 
No cabe duda que es un país creativo, que en la escuela podíamos aprenderlo más fácilmente recordando su forma de “bota”, o traer rápidamente a la memoria su capital, por su precioso anagrama.
 
Y no sé si sería la intensidad justa del Sol de aquella mañana o el bullicio algo irrespetuoso de sus ciudades, que compartimos, pero recuerdo que cuando entré en Italia por primera vez, (¡en el dos caballos!) sentí que estaba como en casa, en un país hermano, y eso que no faltaron tribulaciones en aquel encuentro entre Italia y yo.


Entramos por el túnel de Mont Blanc, desde Francia. Nos despedía de Francia una cumbre nevada como nunca había visto y tras esos casi doce kilómetros de túnel, también el más largo que jamás había pasado, salimos por Italia. El impacto, el contraste,  fue total, de repente se hizo todo claridad, algarabía. Ir a tomar unas birras, era lo suyo.
 
Nos habían advertido tanto y tanto de que nos robarían en Italia, que yo creo que estábamos resignados esperando el palo. Muchas películas de mafiosos, muchas historias contadas por amigos que habían venido a Italia y habían sido desvalijados, mucho tópico, pero también, la experiencia de una joven pareja con la que compartimos acampada la noche anterior. Ellos llevaban una furgoneta y viajaban con un precioso perro pastor alemán. Venían haciendo el viaje inverso al nuestro, ellos llegaron de Italia a Francia y coincidimos en el camping. Les habían abierto la furgoneta, rompiéndoles un cristal, les habían robado todo lo que llevaban y el perro, quedó suelto por la calle, desorientado y buscando a sus dueños. Había sido una odisea y nos contaron con tanto detalle, que fuimos sugestionados, quedando impresionada.
 
Con estas premisas, veía a todo italiano como posible malhechor. Qué injusta proyección, lo sé, pero es lo que sentía aquella primera vez.
 
Pasaron los días y no nos robaron, no pasó nada, el único fraude que nos hicieron fue en la autopista, cuando cambiamos pesetas en liras y nos timaron como a dos pardillos.
 
Pero Italia acabó conquistándonos hasta el último átomo y si la belleza siempre conmueve, en Italia es tan, pero tan exuberante, que casi conmociona.  
 
De los italianos, tampoco pudimos obtener más que maravillosas experiencias.
 


Pero intentemos reconducir el tema al aspecto gastronómico. Naturalmente lo que queríamos comer en Italia, eran pizzas y todo tipo de pastas, la gastronomía que nos había llegado como más reconocida de este país.
 
La pizza pronto nos decepcionó, claro que no íbamos a restaurantes de muchos tenedores por entonces.
 
La pasta: espaguetis, macarrones, etc., la habíamos comido mejor en Suiza y hasta en España. No pudimos por entonces saber ni saborear, los exquisitos manjares que Italia tiene en su cocina: El ossobuco con sus deliciosas salsas, sus excelentes quesos, los prosciutto, los risottos,  los antipasti, los dolci o los gelati. Por supuesto tampoco probamos la divina y legendaria trufa blanca, única en el mundo, en Alba del Piamonte. Menos mal que después vendrían otros momentos para resarcirse de tal omisión. 
 
La cuestión es que Italia, con su variedad climática y regional, ofrece un abanico de inmejorables productos como materia prima y eso da, una cocina excelente.
 
¿Y los vinos? ¿Qué decir de los vinos si hasta los antiguos griegos la llamaban “Enotria” por su fama al respecto?
 
Sería inabarcable entrar en las especialidades regionales de la cocina italiana, como inabarcable el detallar las zonas viticultoras y sus elaboraciones consagradas.
 
La cocina en Italia es un legado de pasión, como muchas otras de sus manifestaciones artísticas y sus historias inmortales. Quizás fue esa pasión la que le hizo ser centro y cuna del Renacimiento, con gran influencia en el pensamiento filosófico y político de Europa.
 
Y del Renacimiento y de la italianísima Verona, donde Shakespeare recreara el amor de los universales Romeo y Julieta, procede la receta de hoy, una receta llena de historia y de pasión, como la misma Italia. 


De sugerente nombre: Pezones de Venus en castellano y capezzolli di Venere en italiano, estos dulces son seguramente lo más exquisito que he probado nunca.
 
Es una receta que ya publiqué en otro medio, pero me daba mucha pena no traerla al blog, porque es una receta bonita, sobre todo en esa parte de su historia.
Hay muchas versiones de pezones de Venus: con castañas, con mazapán, con chocolate blanco, negro, hasta con bizcochos los he visto. Sin embargo, la que me parece más rica es la que os traigo, hecha solamente con chocolate y nata, aplicando tiempos de espera y diferentes texturas. Es la versión que aparece en la película Chocolat y que publica Johane Harris en su libro. Aquí os traigo una fotografía de una escena en la que se pueden ver.
 
 

En la película, la protagonista, Vianne, ofrece estos bombones de sensual nombre al Conde de Reynaud que por supuesto rechaza, aunque más tarde, como sabemos, caería en la tentación.
 
Pero esta no es la única película en la que estos bombones aparecen, de hecho, yo los conocía en su versión de chocolate blanco, a través de la película Amadeus.
 
Dicen que al compositor Antonio Salieri, le gustaban apasionadamente estos chocolates y claro, estando en Viena, no los tenía siempre a mano, pues los dulces son como dije de Verona. Cuando viajaba a su ciudad natal, Legnago, se traía varias cajas de estos extraordinarios bombones. Quizás así aliviaba en parte la tristeza de su voluntaria castidad.
 
Y así, con estos delicados dulces, usándolos como seducción, fue como según la película, obtuvo de Constanze, esposa de Mozart, las partituras del genio.
 
Actualmente se considera que la película ha dañado la imagen de Salieri que según otras versiones, no fue tan mal tipo ni tan mediocre músico. Se sabe que tuvo enfrentamientos con Mozart y fue acusado de plagio por éste, pero también es cierto que fue el maestro de uno de los hijos de Mozart, luego, tan malas, no debieron ser sus relaciones.
 
Incluso se dijo que Salieri fue el responsable de la prematura y en cierta forma misteriosa muerte de Mozart, pues en su lecho de muerte, hospitalizado y con la razón alterada, el mismo Salieri confesaría tal extremo.  Hay versiones para todo.
 
En cualquier caso, os aseguro que los pezones de Venus están muy, muy, ricos, como también os digo, que la receta no es fácil de hacer, sobre todo en verano, por más que sus pocos ingredientes o sus pocos pasos, parezcan decirnos lo contrario.
 
El trabajo del chocolate requiere cierta destreza, sobre todo si como es el caso de estos bombones, tenemos que cubrir de chocolate caliente, un trufado extremadamente suave y flojo.
 
No es que quiera desanimaros, pero no quiero que cuando encontréis dificultades, creáis que hay algo que no sabéis, es simplemente una indicación. La receta no es fácil, pero están tan buenos, que merecerá la pena hacerlos.
 
Vamos allá:
 
Ingredientes:
 

225g. de chocolate Nestlé Postres
300 ml. De nata para montar
 
Para cubrir:
 
100g. de chocolate Nestlé Postres
50g. de chocolate blanco
 


Fundimos el chocolate al baño María y mientras tanto, calentamos la nata en un recipiente. Una vez caliente, la mezclaremos con el chocolate, moviendo hasta integrar bien y obtener una crema suave. Dejaremos enfriar al menos dos o tres horas.
 

 

Cuando se ha enfriado totalmente y ha tomado consistencia, batiremos bien para montar la trufa.
 

Y con ayuda de dos cucharillas o manga pastelera, formaremos sobre papel vegetal, pequeños montoncitos. 


Si sois muy perfeccionistas, mejor usáis manga pastelera para hacerlos más iguales. Como veis, yo los he hecho con cucharilla y bastante irregulares. La manga pastelera desperdicia mucho chocolate y bueno, personalmente tampoco me molesta que no sean exactamente iguales, en realidad prefiero los dulces con aspecto más rústico.
 
De nuevo tiempo de espera en la nevera, al menos dos o tres horas.
Cuando han tomado bastante consistencia, procederemos al paso más delicado, cubrir con chocolate deshecho, teniendo en cuenta que el trufado es más bien flojo, ligero. Esto significa que es una operación que hay que hacer con rapidez, para evitar que el chocolate se derrita y pierda toda su forma. 


 
 
 
Derretimos el chocolate de la cobertura y con rapidez, pasamos uno a uno los bombones, dejándolos enseguida sobre papel vegetal.


Volvemos a dejar reposar. Como veis, van pasando las horas y si queréis que salgan como tienen que ser, hay que dejarles los tiempos de espera precisos.
 
Además, el trufado interior, cuanto más suave, más bueno estará. El bocado es crujiente por fuera, con la capa de chocolate y blandito y suave por dentro, con un delicioso sabor.
 
Bien, finalmente cuando ya están enfriados, derretimos el chocolate blanco y vamos pasando por el mismo, uno por uno los pezones. Quedarán con el toque final deseado.
 

 
 
 
De nuevo a la nevera hasta el momento de degustarlos.


La sensación en la boca, es... Un placer 


 Un buen ejercicio puede ser intentar definir estos pezones con tres palabras.


 
No quiero despedirme sin dar las gracias a los 500 seguidores a los que esta semana ha llegado el blog. A todos y cada uno de vosotros, de corazón: muchas, muchas, gracias.
 
 
 Un abrazo
 
 
 

23 comentarios :

  1. SIn duda, en esta ocasión aplica muy bien aquello de "bocatto di cardinale", esto debe ser un trabajo arduo pero muy bien recompensado al ver las caras de quienes los prueben, ya me animaré yo! besitos

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    1. Es verdad Pamela, como anillo al dedo eso del bocatto di cardinale.
      Si te gusta el chocolate, vas a ver qué cosa más rica.
      Un beso y gracias por tu visita.

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  2. Hubo un tiempo, cuando vivía en Luxemburgo, que tenía que ir con frecuencia a Italia, a Ispra. Iba siempre en coche, por Estrasburgo, Lausana y Varese. Por ese camino, no se nota mucho la diferencia entre Suiza e Italia. Además, Varese es una ciudad aburrida como pocas. Donde sí se nota la diferencia es viendo a los enloquecidos conductores italianos, corriendo como alma que lleva el diablo por las carreterillas de la región. Pero en fin, lo bueno es que tienen un buen sentido del humor. Una vez, me paré en una gasolinera y, con el lío del cambio de moneda le pedí al mozo "mil liras" de gasolina. Sin rechistar, cogió la manguera, la puso en mi depósito y la accionó durante una fracción de segundo. Con amplia sonrisa, me dijo : "ecco mille lire".

    De gastronomía, no conozco los pezones de Venus, pero la comida que se come en Italia no tiene nada que ver con esa cosa infame que ponen los restaurantes italianos fuera de la bota. Tienen cosas buenísimas.

    Besos

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    1. Jajaja Sorokin, recuerdo aquella sensación con las liras, como si fuera ayer, es verdad, todo valía muuuchas liras, pero muuuchas jajaja. Y lo de los coches estuve a punto de mencionarlo en el post, por aquello además de la industria automovilística italiana, el Ferrari y demás, y es cierto que como tu, me he quedado con esa imagen de los locos al volante.
      Bueno, menos mal que ya probamos las cosas ricas de la cocina italiana, solamente he probado buena cocina italiana fuera de Italia en Madrid, en el restaurante de una compañera bloguera precisamente, el Piu di Prima ¿Lo conoces? en C/ Fortaleza. Si no lo conoces, un día vete por allí a cenar y verás que te va a encantar.
      Bueno muchas gracias por tu comentario, siempre es un placer.
      Un abrazo

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  3. Gracias a tí, por traernos éstos deliciosos bocados...! FELICIDADES por ambas cosas.
    Una entrada bien completa.
    Besitosss.

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    1. Golonsegus, como también tienes un blog, sabes muy bien que estamos agradecidos cuando la gente nos visita, nos comenta y sobre todo si encima se hacen seguidores. Es lo que da sentido a nuestro trabajo y anima bastante. Por eso estoy tan agradecida a todos vosotros.
      Un beso grande.

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  4. Ah, Italia, me encanta! Que bonita entrada Viena, y esos dulces se ven riquísimos! Yo comí pezones de Venus en Italia pero en esos tiempos tampoco supe apreciar su sabor. Lo que pasa esque el chocolate no me gustaba mucho cuando era más joven, lo puedes creer? Ahora muero por el!

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    1. Jajaja Prieta, es verdad que nuestros gustos cambian con los años, yo tengo varias de esas, de no haber soportado algo de jovencita y ahora, encantarme.
      Pues si ahora mueres por el chocolate, no te pierdas esta receta, intenta hacerla y verás que cosa más, pero más rica.
      Un beso grande y gracias por venir.

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  5. QUé linda entrada Viena, todas las de esta serie me han gustado. Esos pezones se ven pecadores para mí.
    Abrazos y muchos saludos

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  6. QUé linda entrada Viena, todas las de esta serie me han gustado. Esos pezones se ven pecadores para mí.
    Abrazos y muchos saludos

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    1. Carmen querida, te agradezco mucho el comentario. Qué bueno sería que vinieras para Europa y pudiéramos compartir unas cuantas cosas que tenemos por aquí pendientes.
      Espero que estés muy bien y que pruebes estos pezones, que además irían que ni pintados a tu libro, por toda esa sensualidad que desprenden y que tan bien manejas tu en lo culinario.
      Te mando un beso enorme.

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  7. Madre mía que pecado! No los conocía, me parecen una verdadera delicia, una locura de chocolate... mmmm y un postre estupendo para llevar a cualquier evento donde haya mucha gente y no quieras aparecer con una tarta!

    Por cierto! Soy EnLaLuna. Vengo con novedades. Después de un verano de mucho trabajo, he vuelto a la vida blogosférica y me estoy poniendo al día, poco a poco... He cambiado la imagen de mi blog, y para celebrarlo, estoy de sorteo. Estás invitada a participar!

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    1. Ana Melm o EnLaLuna gracias por tu comentario. Claro que pasaré a ver todas esas novedades y si puedo, participar en tu sorteo, aunque tengo poco tiempo y no suelo participar en muchas cosas.
      Te mando un abrazo

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  8. Qué bien, cocina afrodisiaca... Una pinta tremenda, para chocolateros irredentos. Un besote.

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    1. Exacto Su, para chocolateros irredentos, están buenísimos y no me extraña que la historia los haya colocado así, como objeto de seducción.
      Un abrazo y gracias por tu comentario y visita.

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  9. Buenos días Viena.
    Poco a poco me voy poniendo al día leyendo las entradas de los blogs que sigo.
    Como siempre una una entrada que da gusto leer del principio al final.
    Nunca me han robado en Italia y he andado muy tranquilo por cualquier tipo de barrio, la verdad que no me han robado más que en un sitio y fue en Francia, aunque siempre tengo la duda, si no perdería el dinero, ya que ni me dí cuenta.
    Estoy de acuerdo con Monsieur Sorokin, en Italia y añado por mi cuenta, como en cualquier sitio del mundo, se come de maravilla y muchas veces no hace falta ir a caros restaurantes. Yo he comido en el lejano oriente admirablemente en "Cocinas/comedor" ambulantes.
    Como comentario a su preparación y para aquellos que no estén muy duchos en el manejo de preparados de chocolate, la trufa inicial la bajaría algo más que la temperatura de la nevera, la dejaría cerca de los 0º C. El baño, se lo daría a la temperatura de trabajo de 32º C y creo que nadie tiene porque tener dificultades.
    Que pase un buen día a pesar del gobierno.
    Saludos

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    1. Muchas gracias Apicius, por su comentario y por sus sabios consejos sobre el chocolate, no olvido que es usted un experto.
      Gracias también por compartir con nosotros su experiencia con este país hermano que es Italia y con sus viajes en general. Cómo me habría gustado ir a comer a esos comedores ambulantes del lejano Oriente, suena todo tan exótico, tan aventurero, que daría cualquier cosa por poder tener esas experiencias.
      Un abrazo

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  10. Amiga Viena:
    Lo de los “Pezones de Venus” -y no solo por el nombre-, me ha encantado y he copiado tu foto de los pezones –de Venus- para animar a los Amigos de La Tana, que prueben a prepararla. Ceferino ya me ha dicho que la receta le parece fácil, lo que me hace suponer que lo intentará.
    No he viajado por Italia y ya no me va a dar tiempo, pero, además de ver los capítulos de Jamie Oliver viajando por Italia de Canal Cocina, me comentaba el otro día mi vecino el pastelero Busquets, que la recorrió de arriba abajo y le encantó todo y se trajo un montón de recetas, y siempre nos sorprende con algún detalle.
    Un saludo,
    Sebastián Damunt

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    1. Querido Sebastián: Siempre es un placer tenerte por aquí y si Ceferino hace estos pezones de Venus, espero que te de a probar uno al menos, para que te des cuenta de la delicia que son en la boca.
      En cuanto a Italia, no digas que no te va a dar tiempo, que hoy con un avión estás allí en un santiamén y la experiencia no tiene ni tiempo, ni edad, ni más condición que aceptar la invitación para disfrutar.
      Un abrazo.

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  11. Querida Viena, coincido en tu amor por Italia, es un país que no me canso de vistar, y por más pequeña que sea una aldea siempre hay una joya arquitectónica aguardando, yo la adoro. Y he tenido la suerte de comer maravillosas pizzas y platos típicos de gran calidad. Estuve una par de años en Verona y no tuve la suerte de probar esta maravilla que hoy nos traes, siempre hay tiempo par resarcirse de estas cosas.
    Abrazos

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    1. Querida Claudia, a ver si te acuerdas y la próxima vez que vayas, pruebas estos pezones de Venus, es más, dicen que las pastelerías de Legnago regalan a los turistas y visitantes un pezón de Venus y un vasito de grappa, promocionando al pobre Salieri, para intentar rescatar su honor, tan injustamente tratado en la película Amadeus.
      Un beso grande y gracias por tu visita

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  12. Como me ha gustado reencontrarme con tu música de sensaciones y sabores, Viena. Me gusta, me enamora la comida italiana por su sencillez y por su respeto por los sabores. Por esa magia de hacer un gran plato de pasta con tan sólo un poco de albahaca fresca y un buen aceite de oliva. Eso sí con la pasta de calidad y en su punto. Mayor sencillez… ¡imposible!
    Con la repostería, sobre todo la siciliana, me descubro. ¡Cuánto vicio irresistible esconde!. Esta claro que compartimos una misma filosofía hedonistas todos que estamos bañados por el Mediterráneo. Un fuerte abrazo

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    1. Eso mismo pienso yo Oteador, que el Mediterráneo nos imprime algo de hedonismo y de esa búsqueda de aventura placentera.
      Italia ofrece eso, no cabe duda.
      Gracias por tu visita y te mando un beso grande.

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